
febrero 4, 2026• Uncategorized• Roberto Castro Rodríguez
¿Se está produciendo un descenso del mar de nubes? El “mar de nubes” no es solo una imagen espectacular. Es un sistema climático invisible que riega, refresca y mantiene con vida a uno de los bosques más antiguos de Europa: la laurisilva. Durante siglos, este manto de estratocúmulos ha permanecido casi siempre a la misma altura, atrapado por la inversión térmica de los alisios. Pero algo está cambiando.
Durante mucho tiempo, la ciencia asumió que el calentamiento global haría subir las nubes. A mayor temperatura, mayor altura de condensación: una lógica aparentemente incuestionable. Bajo esta idea, el gran riesgo para los bosques de niebla era que las nubes “se escaparan” hacia arriba, dejando las montañas secas. Sin embargo, los datos recientes están contando una historia muy distinta.
Un análisis de casi veinte años de observaciones atmosféricas en la Macaronesia muestra que el mar de nubes no está subiendo. Está bajando. Y lo hace de forma clara y sostenida.

Entre 2003 y 2022, tanto la base como la cima de los estratocúmulos han descendido de altitud. En Madeira, el cambio es especialmente acusado: la base de la nube ha bajado unos 400 metros y su parte superior más de 200 metros. En Tenerife, el descenso es menor, pero igualmente constante.
Este hallazgo rompe con décadas de suposiciones climáticas. No se trata de una variabilidad puntual, sino de una tendencia persistente que redefine cómo responde la atmósfera subtropical al cambio climático.
Además, en algunos lugares especialmente en Madeira las nubes no solo son más bajas, sino también más gruesas. La base desciende más rápido que la cima, aumentando el espesor del manto nuboso. A primera vista, esto podría parecer una buena noticia: más nube, más humedad. Pero la realidad es más compleja.
¿Qué fuerza puede empujar hacia abajo una estructura tan extensa como el mar de nubes? ¿Qué fenómenos están relacionados con este suceso? La respuesta para este caso se encuentra en la combinación de procesos globales y locales.

Por un lado, la Célula de Hadley se está intensificando. Su rama descendente se refuerza sobre el Atlántico Norte, fortaleciendo el Anticiclón de las Azores. Este sistema de altas presiones empuja aire seco desde la alta atmósfera hacia abajo, comprimiendo la capa nubosa como si fuera una tapa invisible.
Por otro lado, el océano se está calentando. Un mar más cálido libera más vapor de agua, aumentando la humedad del aire cercano a la superficie. Ese aire húmedo alcanza la saturación antes, permitiendo que las nubes se formen a menor altitud.
El resultado es una auténtica pinza climática: la humedad empuja la base de la nube hacia abajo, mientras la subsidencia atmosférica aplasta su parte superior. El mar de nubes se hunde.
La laurisilva no puede adaptarse con facilidad a este cambio. No es un bosque moderno ni flexible. Es una reliquia del Terciario, diseñada para vivir inmersa en la niebla.
Sus árboles tienen una regulación estomática limitada y una estrategia de uso del agua muy dependiente de la saturación atmosférica. La niebla no es un complemento: es su principal fuente de humedad durante gran parte del año. Sin ella, el bosque pierde capacidad de fotosíntesis, se debilita y queda expuesto a especies más competitivas.
Al descender el mar de nubes, la laurisilva se ve obligada a seguirlo. El bosque “baja la montaña” para mantenerse dentro de su franja climática óptima. Pero este movimiento no ocurre en un espacio vacío.
Las cotas bajas de las islas están profundamente transformadas. Agricultura, carreteras, urbanización y suelos erosionados ocupan el espacio que el bosque necesitaría para desplazarse. Además, estas zonas suelen tener menor protección ambiental y una mayor presión humana.

Así, la migración forzada de la laurisilva se convierte en una trampa. El bosque huye del estrés climático de las cumbres, pero encuentra barreras físicas y ecológicas en su camino. Incluso cuando logra establecerse, lo hace sobre suelos más frágiles, más expuestos a la erosión y a eventos extremos.
El resultado no es una adaptación suave, sino un proceso de degradación progresiva.
El descenso del mar de nubes es un recordatorio de que el cambio climático no siempre actúa como esperamos. A veces no eleva los límites, sino que los empuja hacia abajo. En la Macaronesia, este desplazamiento vertical, casi imperceptible para el ojo humano, podría estar redefiniendo el futuro de ecosistemas únicos.
Si la intensificación del Anticiclón de las Azores continúa, el refugio climático de la laurisilva podría quedar más reducido entre la montaña y el mar. La pregunta ya no es solo cómo cambiará el clima, sino qué espacio real queda para que estos bosques milenarios sigan existiendo.
Guerra, J. C., Carrillo, J., Rodríguez, H., & Alonso-Pérez, S. (2025). Sinking of the Eastern North Atlantic Stratocumulus: Implications for the Macaronesian Cloud Forest. Earth Systems and Environment, 9(3), 1543-1559. https://doi.org/10.1007/s41748-025-00655-6
Publicación realizada por Isaac Madinaveitia Lima. Estudiante en prácticas de Ciencias Ambientales de la Universidad de La Laguna.
Fénix Canarias es una asociación sin ánimo de lucro compuesta por profesionales con vocación forestal. Se especializa en la divulgación y realización de proyectos forestales, integrando innovaciones tecnológicas para dar a conocer y conservar el patrimonio natural de las islas.
Contacto: info@fenixcanarias.org – 647607447
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